La trascendencia de la obra de Poe es enorme, su repercusión en la literatura posterior, incalculable.
Todos hemos leído sus relatos de terror: “El corazón delator”, “El pozo y el péndulo”, “El entierro prematuro”, “El barril de amontillado”, “Los crímenes de la calle Morgue”, etc. Pero sus poemas no son menos importantes. Para leer una biografía de Poe, pica sobre la fotografía.
Por favor, no dejéis de escuchar la canción de Radio Futura “Annabel Lee” (aquí podéis ver el video, desde youtube), porque probablemente sea la mejor traducción del poema de Poe del mismo título que se haya hecho en español.
El texto en inglés, para que podáis deleitaros leyéndolo en voz alta y os dejéis llevar por el ritmo y la magia de Poe:
Annabel Lee
It was many and many a year ago, 
In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of ANNABEL LEE;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.
I was a child and she was a child,
In this kingdom by the sea;
But we loved with a love that was more than love-
I and my Annabel Lee;
With a love that the winged seraphs of heaven
Coveted her and me.
And this was the reason that, long ago,
In this kingdom by the sea,
A wind blew out of a cloud, chilling
My beautiful Annabel Lee;
So that her highborn kinsman came
And bore her away from me,
To shut her up in a sepulchre
In this kingdom by the sea.
The angels, not half so happy in heaven,
Went envying her and me-
Yes!- that was the reason (as all men know,
In this kingdom by the sea)
That the wind came out of the cloud by night,
Chilling and killing my Annabel Lee.
But our love it was stronger by far than the love
Of those who were older than we-
Of many far wiser than we-
And neither the angels in heaven above,
Nor the demons down under the sea,
Can ever dissever my soul from the soul
Of the beautiful Annabel Lee.
For the moon never beams without bringing me dreams
Of the beautiful Annabel Lee;
And the stars never rise but I feel the bright eyes
Of the beautiful Annabel Lee;
And so, all the night-tide, I lie down by the side
Of my darling- my darling- my life and my bride,
In the sepulchre there by the sea,
In her tomb by the sounding sea.
Os invito a la lectura de un poema fundamental para nosotros, “El cuervo” (“The raven”), en inglés y en traducción al español de 1887 del poeta venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde (1846-1892), al que ya debéis conocer por el libro de Martí que tenemos como lectura obligatoria:
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Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary, Ah, distinctly I remember it was in the bleak December, And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer, Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing, Back into the chamber turning, all my soul within me burning, Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter, Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling, Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly, But the raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken, But the Raven still beguiling all my fancy into smiling, This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing Then methought the air grew denser, perfumed from an unseen censer “Prophet!” said I, “thing of evil!- prophet still, if bird or devil! “Prophet!” said I, “thing of evil – prophet still, if bird or devil! “Be that word our sign in parting, bird or fiend,” I shrieked, upstarting And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting |
Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones, Sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones Inclinaba soñoliento la cabeza, de repente A mi puerta oí llamar; Como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta Mano tímida a tocar: “¡Es – me dije – una visita que llamando está a mi puerta: eso es todo y nada más!”. ¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo, Y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo. Cuan ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura Procurando en vano hallar Tregua a la honda desventura de la muerta Leonora; La radiante, la sin par Virgen rara a quien Leonora los querubes llaman, ahora Ya sin nombre… ¡nunca más! Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras Me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras, De tal modo que el latido de mi pecho palpitante Procurando dominar, “¡Es, sin duda, un visitante-repetía con instancia- Que a mi alcoba quiere entrar: Un tardío visitante a las puertas de mi estancia…, Eso es todo, y nada más!”. Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando: “Caballero, dije, o dama: mil perdones os demando; Mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza Me vinisteis a llamar, Y con tal delicadeza y tan tímida constancia Os pusisteis a tocar, Que no oí”, dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia: ¡sombras sólo y… nada más! Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños, Quedé allí-cual antes nadie los soñó-forjando sueños; Más profundo era el silencio, y la calma no acusaba Ruido alguno…, resonar Sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora Yo me puse a murmurar, Y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora…! Esto apenas, ¡nada más! A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia, Pronto oí llamar de nuevo, esta vez con más violencia: “De seguro -dije- es algo que se posa en mi persiana, Pues, veamos de encontrar La razón abierta y llana de este caso raro y serio, Y el enigma averiguar: ¡Corazón, calma un instante, y aclaremos el misterio…: Es el viento, y nada más!”. La ventana abrí, y con rítmico aleteo y garbo extraño, Entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño. Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, Con aspecto señorial, Fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta De mi puerta el cabezal; Sobre el busto que de Pallas representa Fue y posóse, y ¡nada más! Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza Con su grave, torva y seria, decorosa gentileza; Y le dije: “Aunque la cresta calva llevas, de seguro No eres cuervo nocturnal, ¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla…! Dime, ¿cuál tu nombre, cuál, En el reino plutoniano de la noche y de la niebla…?” Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.
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Tenéis en Los raros de Rubén Darío un excelente retrato de Poe y su obra según la percepción de los modernistas; el texto aparece parcialmente reproducido (págs. 115-116) en el monográfico sobre Darío de la Revista ilustrada de información poética. Poesía, números 34-35, publicada por el Ministerio de Cultura, Madrid, 1991, una revista que podéis leer en sala en la biblioteca del departamento y de hecho deberíais echarle un vistazo porque es una gozada. El texto completo sobre Poe me lo podéis pedir y os lo paso con todo el gusto, aunque también podéis sacar Los raros de la biblioteca, que creo que no todos los ejemplares están desaparecidos.
Para leer un artículo acerca de Poe escrito por Charles Baudelaire, aquí.