Más que desde la perspectiva de una revista de modas contemporánea, nos interesa el dandy en su contexto histórico y social, por eso nuestra muestra decadentista prefiere los personajes literarios. Si quieres visitar una web (en francés) en la que se desarrolla el tema, pica aquí: “Savoir être ou mourir”.
El modelo del dandy por antonomasia es el duque Jean Floressas Des Esseintes, el protagonista de A contrapelo ( A rebours, 1884). El personaje se inspiró en un personaje real, el aristócrata Robert de Montesquiou (fue también el modelo del barón de Charlus de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust). En la imagen anterior lo vemos retratado por James Abott McNeill Whistler, el pintor que no había elegido nacer en Lowell, Massachussets y que llevó a los tribunales a John Ruskin, el crítico y teórico del prerrafalismo, a causa de sus palabras despectivas sobre un cuadro que tenemos un poco más abajo, el “Nocturno en negro y oro” (1874) . Whistler, amigo de Oscar Wilde, rivalizaba con él en ingenio y dicen las malas lenguas que el irlandés le debía algún que otro hallazgo. Publicó en 1892 El sutil arte de hacer enemigos (The gentle art of making enemies) .
Anécdota relacionada con A contrapelo: esta desconcertante obra de Joris-Karl Huysmans (“una novela sin argumento”) que se recrea en la enfermedad nerviosa del excéntrico protagonista se distribuyó con cubiertas de color amarillo que indicaban su contenido poco moral. El detalle se convirtió en una seña entre los decadentes. Por ejemplo, en la novela de Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray, Lord Henry Wotton (el segundo dandy de nuestra lista) le entrega a Dorian un libro amarillo para pervertirlo, un libro que no puede ser otro que A rebours. También este guiño dio nombre a la revista británica The yellow book (1894-1896), que reunió entre sus páginas a personalidades como Aubrey Beardsley, Max Beerbohm, o los poetas decadentistas que mencionaba David el otro día en su exposición en clase: Ernst Dowson y Arthur Symons.
El poeta colombiano José Asunción Silva (1865-1896) en su novela De Sobremesa construye un personaje en esta línea: José Fernández. Y en España Ramón María del Valle-Inclán recreó en sus Sonatas (1902-1905) al decadente Marqués de Bradomín (feo, católico y sentimental).
Jules Barbey d’Aurevilly (1808-1889), el autor de los relatos de Las diabólicas (1874) fue una referencia del dandismo en Francia. Su nombre (Barbey) lo vais a encontrar en la obra de Rubén Darío. También en la onda del decadentismo consideramos al poeta Charles Baudelaire (1821-1867).
En Italia el representante más importante del decadentismo fue el conde Andrea Sperelli, el protagonista de la realmente voluptuosa novela El placer (1889) del poeta Gabriele D’Annunzio (1863-1938).
